Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio.

dimarts, 25 de juny de 2013

La nota clara, y ya está.

Fa temps vaig el·laborar un text per una proposta d'un professor, la qual es referia a que havíem de fer qualsevol figura literària (narració, cançó, obra teatral, poesia...) que plasmara l'avaluació, el que per a nosaltres significa l'avaluació educativa.

Aleshores, em vaig decantar per una narració, i un punt de vista que crec que tots hem viscut. Ho vaig titular ''La nota clara, y ya está'' :


LA NOTA CLARA, Y YA ESTÁ

Recuerdo que era un día lluvioso y feo cuando mis padres me llevaron al colegio en aquel Peugeot 540 blanco, pero nadie podía presagiar que acabaría siendo un día tremebundo para mí, puede ser, ahora que lo pienso, que aquel fuera el día más terrorífico en mis 14 años.
Las clases las vivía con intensidad, en primera fila, como debe ser, realizando dos funciones principales en cada clase de forma simultánea: esquivar los canutos de los otros chicos, en lo que creo que he desarrollado un sexto sentido; y atender, preguntar, insistir, escribir, volver a preguntar y reírme de las bromas insulsas de los profesores. Y así, clase después de otra clase. Me encantaban las clases y los profesores…todos, menos uno.
Ignacio José, así se llamaba mi profesor de Lengua y Literatura. Era un hombre….como os lo
diría… como los de antes. Y eso, en principio, me gustaba, me parecía interesante y necesario en el sistema educativo actual,  un profesor recto, imponente, severo, eutrapélico, con autoridad y que te tratara de usted. Pero, desde el principio se empezaron a torcer mis pensamientos hacia él. No me miraba como los otros profesores, no explicaba para mí, no era yo, alumno preferido por tantísimos profesores y poseedor de la marca del sobresaliente en todas las materias, su ojito derecho, de hecho, no me miraba en el trascurso de las malditas clases. Y esto una clase y otra y otra… hasta que llegó el día, que se dirigió exclusivamente a mí por primera vez.

Esa clase empezó diferente a todas, ya que Ignacio José, dijo: ‘’ Comunicaros alumnos, que ya he obtenido vuestras calificaciones en el examen del pasado miércoles. Esta calificación os será facilitada al finalizar esta clase, pero informaros que el resultado de ésta ha sido, cuanto menos, decepcionante. ’’. Cuando oí aquellas palabras salidas de su boca que apestaba a tabaco cubierta por un bigote amarillo, mi sistema simpático se disparó: la frecuencia cardíaca aumentó, los sudores eran fríos y constantes, y la respiración se me aceleró. Intenté tranquilizarme y atender a su discurso de cada clase, pero no podía, mi atención solo se centraba en mirar mi reloj para que llegara el final de aquella tortura. Esa clase fue un eviterno, no acababa nunca. Y es que con razón estaba atacado, aquella nota era mi tren para conquistar al profesor, mi única manera de gritar silenciosamente que atendiera a su alumno estrella.

Al fin acabó aquel martirio, iba cantando las notas: ‘’Jiménez, un 5; Santamaría, un 6; García; un 2’’ y cuando llegó mi turno, cuando pronunció mi apellido mientras yo cruzaba todos los dedos, hubo un accidente: ’’ Matamoros,…pase luego por mi despacho ’’. No podía creerlo, ¿que había hecho yo para merecer esto? ¿No podía ser, que pasó con mi examen? Me salió bien pero no como otros. Cuando me dispuse a preguntarle la razón de aquella citación, él, casi sin mirarme me dijo: ‘’pase luego, no impetre. ’’. Entonces aún me puse más nervioso. Esa calificación necesitaba saberla, era lo más importante para mí.

Pasé el día como pude. No tenía hambre y creo que batí el record en preocupación. Esa aporía me corroía por dentro. ¿Por qué me citará? ¿Tendré un 10? Espero que si… No puede ser que haya bajado del 9… ¡no puede ser! Hasta que al final llegó el momento.

Estaba caminando por el pasillo dispuesto a entrar en ese despacho, el 23. Las piernas me temblaban  y ese desconcierto me asustaba. Quería y necesitaba sacar un 10, me daba igual si tenía que deprecar, suplicar o llorar por ese 10.
Entonces, llamé al despacho. Dos golpes, necesario. Desde dentro se oyó, ‘’pase’’ que, inconfundiblemente, era de Ignacio José. Entré y me faltó poco para sufrir un desmayo, ese olor a tabaco tan fuerte fue como un puñetazo que me atontó. Me senté cuando Ignacio José me lo indicó. Entonces observé ese despacho, estaba lleno de cuadros, estanterías con libros viejos, eran unas paredes de estilo barroco.
-          ‘’Matamoros, es un alumno ejemplar, y por eso quiero que me diga una cosa.’’- dijo Ignacio José – ‘’Lo que desee’’ - respondí con un sentimiento de subordinación que quería que notase.
-          ‘’Quiero que ponga usted la nota a su examen aquí y ahora, basándose en su esfuerzo y dedicación’’
Creo que sí que entendí lo que dijo, pero al no poder creerlo, mandé repetir la proposición con un ‘’ ¿Qué?’’.
Me sumergí en un mar de incertidumbre, ¿qué quería decir Ignacio José? Miles de opciones se peleaban en mi cabeza hasta que decidí optar por la solución más humilde que barajaba, ponerme una nota baja para que Ignacio José se percatara de lo humilde que soy, y así conquistarlo. Era un plan perfecto.
-          Un 8, señor – solté como pude.
Entonces me miró con esos ojos enrojecidos, y dijo, ‘’¿por qué?’’ a lo que respondí que podía hacer más, estrategia que usaba para que me subiera la nota. Pero, contra todo pronóstico, no. ¡El muy cabeza de chorlito no me subió la nota! Se limitó a decir: ‘’gracias, se puede ir’’.

Salí del despacho atónito, no podía creerlo. Después de unos minutos de incertidumbre, me invadió la ira como nunca antes lo había hecho. ‘’ ¿Qué manera es esa de evaluarme a mí? A mí la nota clara y ya está. ¡Que se ha creído ese nesciente que es la educación!’’



¿Que us ha paregut? Veritat, que tots hem tingut la oportunitat d'bservar-ho alguna volta? Realment el punt de vista de Matamoros és el d'un alumne excel·lent?

1 comentari:

  1. Me gusta mucho la historia. Primero, porque está muy bine escrita y atrapa desde el principio. Y luego porque refleja muy bien el pensamiento de Matamoros, su planeamiento estratégico para evitar ser protagonista de su evaluación. Para mi muestra la falta de costumbre o, si se quiere, de entrenamiento en la autoevaluación. Luego está el tema del esfuerzo. Por qué debe ser un criterio de (auto)evaluación? Puede ser que Matamoros de esforzara un "8" aunque el resultado fuera de "10" o de "11". En ese caso, respondió bien y la evaluación es justa. Lo que no es justo es evaluar a alguien solo por su esfuerzo.

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